-Antes de leer este post, el autor sugiere-
__> Jamás, pero jamás de los re contra jamases, perder la fe
(*)
El muchacho escuálido llegó a la ciudad un par de años atrás. Probó una carrera, quizás por presiones familiares, quizás por ganas, quizás por caprichos del destino. Lo cierto es que la dejó y comenzó una nueva. Aquí me permito dudar: ¿la mano del destino, de Belcebú o del horóscopo maya estarán involucradas?
La historia cuenta que allí la conoció. Una mezcla precisa entre femme fatale y niña inocente. Seguramente pensó en aquello que decía el indio, en la miel de la que no comen las hormigas ó lo nefasto de la ley de oferta y demanda. ¿En esa idea radicaba la base de la perversidad del sistema capitalista?
El feeling, la química, la alineación de los planetas. La mano de Belcebú, del destino, el horóscopo maya. Finalmente, cruzaron la frontera de las amistades ortodoxas, occidentales, capitalistas. Se dieron unos cuantos besos. Y el fue muy feliz. Pero ella se arrepintió.
Y es que la demanda para chicas así es altísima. Muy pronto cayó en los brazos de un impresentable, un ganso, un gil de lechería. Inmediatamente solicito una distancia que le permitiera salar las heridas tranquilo. Supo que no podría verla por un buen rato. Y que debía prepararse para verla con otras personas, incluso con personas que sabía, tenia la certeza absoluta, de que no la merecían. O por lo menos no la merecían como la merecía el.
El tiempo siguió, inexorable, su curso. Ella cambio un ganso por otro, hasta caer en un ganso mayor, un alto ganso. El vivía en la línea divisoria entre la resignación y la esperanza que punzaba como una aguja cada día.
Un verano los separo. El muchacho escuálido decidió aprovechar ese tiempo que el almanaque le obsequiaba para diseñar un plan a prueba de esperanzas vacuas. Como decía Joaquín, "no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió". Y no iba a añorar mas nada. Iba a ser un hombre ocupado, con la facultad, con los amigos, con la vida misma. Un hombre que porta un agenda apretada, con compromisos diarios. Un hombre que no tenia tiempo de lamentarse por esa chica que amaba todos los días en un silencio tan espeso como la niebla de cualquier urbe británica.
Ella regresó. Y como no podía ser de otra manera, la acompañaba un nuevo ganso. En principio, este ganso era distinto a los demás. Pero a el no lo engañaba. Ni un segundo. Ni una milésima de segundo. Con estoicismo, se alegro de verla feliz, aunque fuera una alegría ajena. Incluso pensó en usar esta situación como un ejercicio; ya que de ahora en mas, solo aspiraría a verla feliz. Feliz con otras personas, pero feliz.
Belcebú, el destino, el horóscopo maya. El feeling, la química. Por mucho que lo intento, y sabe Dios que puso mucho ahínco en la empresa de "olvidarla", jamás pudo renunciar a ella. No dejo de amarla un solo día desde que la conoció. No dejo de sufrirla, soñarla, desearla. Y un buen día, ella comenzó a dudar sobre los límites que ella misma había engendrado para la relación que tendría con el muchacho escuálido. El tiempo le fue demostrando que a veces, lo buscas con mayor urgencia esta tan pero tan cerca que no lo podes ver. Es como el cuento de Edgar Allan Poe, del hombre que busca una carta escondida y no la puede encontrar, desesperado porque su vida depende de ello, pese a que todo el tiempo había estado arriba de la mesa.
Un buen día, o mejor dicho, una buena noche, ella se decidió por el muchacho escuálido, que -la- espero con ardiente paciencia todo el día todos los días.
Con un poco de suerte, tal vez los puedas ver caminando por la calle. Los vas a reconocer por la felicidad que irradian, por la ternura con la que se besan, por la confianza con la que caminan.
Y ojala que vos también aprendas, que hasta en las más crueles tempestades, siempre se puede remontar un brillante barrilete.
(*) Relato adaptado sobre una historia verídica.
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2 comentarios:
un barrilete de batman?
es una peli de disney me parece
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